Privilegios y privilegiados
Viernes, 10 de diciembre de 2010 12.2010 José Luis Requero – Expansión
Quizás las palabras más usadas en el conflicto de los controladores sean “privilegiados” y “chantajistas”. Un chantaje siempre es malo; en cambio un privilegio puede ser odioso o razonable. En su caso no creo que reclamen un privilegio sino sus condiciones de trabajo. Otra cosa es que esas condiciones, en especial las salariales, sean estratosféricamente superiores a los de la inmensa mayoría.
Lo que han hecho es criticable. No me refiero al caos aéreo, es más, no sé si son los únicos responsables o si les han provocado. Como no soy maniqueo y los problemas laborales, sociales y políticos son complejos, no creo que sean el mal sin mezcla de bien ni las autoridades el bien sin mezcla de mal. Pero, insisto, su actitud es muy criticable.
España es el país de la envidia y su ciudadanía manipulable, pero hay algo objetivo: que con casi cinco millones de parados y donde el salario medio está en 21.500 euros al año, que generen un conflicto unos empleados públicos que cobran 330.000 euros anuales indica algo de torpeza. Con sus condiciones de sueldo -que es lo único que se ve- no se pueden adoptar modos, formas ni actitudes sindicalistas, de conflicto ni de huelga, abierta o encubierta.
Son profesionales cualificados, de gran responsabilidad y no discuto sus retribuciones ni reivindico que se les quite: eso sería envidia miserable. Pero por esa razón, y aun sin conocer los intríngulis de su conflicto, la manera de defender sus derechos laborales debería ser sin estruendo, debe pasar por ser los mejores amigos de cada ministro, sus leales colabores en la seguridad y orden del tráfico aéreo; los garantes de que todo va a funcionar bien, sin huelgas ni conflictos. Aunque tengan que hacer renuncias.
Hay más empleados públicos que -según la lógica reinante- serían privilegiados. Pienso en notarios y registradores. No discuto que tengan retribuciones millonarias; probablemente invocarán razones de derecho sobrenatural para que sea así, si no poco atractivo tendría su función. Pero ese no es el tema, máxime si ese régimen acaba siendo rentable para todos porque el servicio que prestan es bueno; es más -y no lo digo con ironías- debería plantearse si otros muchos servicios públicos no funcionarían mejor con retribuciones ligadas al trabajo realizado. Pero, aparte de los rifirrafes incompresibles que hay entre esos colectivos, sus problemas no trascienden, no se sindicalizan, ni hacen huelgas ni paralizan el tráfico jurídico ni comercial.
Pero los controladores han cometido otro error. Han dado pie a que sea arma política y reclamo de movilización lo peor de nuestra idiosincrasia: lo que de rastreo hay en toda demagogia; han provocado que haya ciudadanos que les odien al tiempo que estiman a esos políticos que amasan patrimonios injustificados mientras les califican de privilegiados; han provocado que se lance un mensaje inquietante: que quien se desmarca del pensamiento y del interés político dominante es carne de trituradora; que se vea con complacencia al Ejército en la calle. El león se ha lanzado contra una de las gacelas de la manada que andaba algo atontada; el resto huye, aplaude o no se da por enterado. Y todo celebrando un aniversario de la Constitución.



