AIRE

Asociación Independiente de Registradores
                                 



Ultimas entradas




Archivos


Archivo del 14 de julio de 2019

Palabras para el funeral de la Tía Angelina

domingo, 14 de julio de 2019

Palabras para el funeral de la Tía Angelina

Angelina Portela Vicente
(*Salcidos – La Guardia, 28/IX/1925 – † Madrid, 1/VII/2019)

Parroquia de San Bruno
Madrid, 12 de julio de 2019

Muchas gracias a todos por acompañar a la Familia… En realidad, diría que por formar parte de nuestro núcleo y agrandarlo… La “familia nuclear”, la “familia extensa”… y los sociólogos todavía no han encontrado la denominación mayor… Porque en momentos como éste es cuando tomamos conciencia de lo que es ser una Familia en toda su amplitud, ésa que se extiende y se prolonga con todos los que queremos y que comparten nuestra pena de hoy como comparten las alegrías de otros momentos… Que, con mi Tía Angelina, fueron, afortunadamente, muchos… Por su cordialidad al recibir, por su discreción, y por estar siempre dispuesta a echar una mano a quien la necesitaba…

Sus muletillas habituales eran “Tranquilitos, tranquilitos. Si precisáis de algo, ya sabéis, aquí me tenéis…”

Querida y admirada Tía Nena,

Sentenciaba tu madre – nuestra abuela Isolina – (y se lo achacaba al abuelo) que “en esta Familia nunca hubo ni feos ni tontos”. Lo decía contestando a quienes le comentaban lo guapos e inteligentes que eran sus nietos… Vosotros erais demasiado discretos para aceptar semejante sentencia y jurábais que vuestro padre jamás había dicho tal cosa… Pero reconóceme ahora que os encantaba oírlo, que os sonreíais con esa media sonrisa picarona que también es marca de la casa… Las cejas enarcadas, los hoyuelos en la cara y una satisfacción que se os salía por los poros…

Pues ahora que no me lo vas a discutir, quiero añadir algo “Ni feos, ni tontos, ni /Tampoco/ malas personas”. “Ah, eso sí que no” – me contestarías… A vosotros os tocaba por todas partes ser un ejemplo de reserva, de prudencia, de ayudar si se necesitaba y de discreción si no erais necesarios… y eso es lo que deberíamos haber heredado, la herencia más valiosa que os debemos… Porque, además, supisteis escoger con quienes compartir vuestras vidas, y difícilmente se os pilló en un mal ejemplo… Si no os seguimos, la culpa es nuestra… Y para ello estaban vuestro silencio y vuestras oraciones…

Cuentan las crónicas familiares que tú, tan joven y tan guapa que te llamaban en La Guardia “el bombón envuelto en tela”, cuidabas a la Tía Mariana, hermana de tu abuelo, soltera y enferma, que vivía con vosotros. Muy fina y delicada, y muy bonita – dicen quienes la conocieron… Dependía de ti. Pero tú te casaste y tuviste que dejarla… Ese día, al despedirse, Mariana te dijo: “Tienes que tener mucha suerte en la vida, porque te la mereces… y vas a tener suerte hasta el final.” Tú saliste llorando y diciendo que, sin ti, Mariana se moriría pronto. Vivió una semana, tú aún en tu viaje de novios, con nuestro querido tío Joaquín, compartiendo el primer pan de unas bodas eternas… Pero su presagio se cumplió: has tenido suerte de las de verdad.

En la Iglesia de Salcidos (ésa en la que están los santos a los que tú rezabas) te habían dicho “Que veáis a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos, hasta la tercera y cuarta generación, y después de una venerable y feliz ancianidad… lleguéis a la Vida Eterna…”. Una parte se ha cumplido al pie de la letra… La otra, confiada a la Misericordia de Dios, nos dice la Fe que también.

Un clásico habría dicho que Um bel morir tutta la vita honora. Pues tu despedida reafirma a los clásicos y cumple el vaticinio de Mariana. Mucha suerte en la vida, hasta el final, porque te la merecías…

Querida Tía Nena, si precisamos de algo, ya sabemos en dónde estás: Tus hijos, tus nietos, tus bisnietos… los que vengan… porque la genética funciona también para el espíritu, estoy segura… y si se lo preguntase a tus padres me darían la razón…

Y sí, precisamos que pidas por nosotros, para que nunca dejemos de “salir a la casta” y de ser buenas personas… Tú da la lata ahí Arriba, insiste, con tus pasitos apresurados y menuditos, y – como terquiña también eres un poco – estamos seguros de que lo vas a conseguir: que nunca os dejemos quedar mal, que nunca dejemos de teneros presentes… y que, cuando nos toque, merezcamos estar a vuestro lado…

Eso precisamos, Tía Angelina. Ya sabemos que estás ahí… Y ya sin riesgo de tropezar ni de caerte.

María Tecla Portela Carreiro