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Cazadores de herencias

Profesionales y aficionados persiguen jugosas comisiones mediante la búsqueda de los bienes patrimoniales y los herederos legales de personas fallecidas que no dejaron testamento
9 de diciembre del 2011 – Ferran Cosculluela – Girona – La noticia en El Periódico
La mayoría son abogados o gestores, pero también tienen algo de detectives. Se dedican a escudriñar en archivos, registros y cementerios para resolver los misterios del pasado, pero aún así hay quienes los consideran simples comisionistas o incluso quien los tacha de oportunistas sin escrúpulos. Cazadores de herencias hay de muchos tipos. Profesionales, aficionados y particulares que se apoyan en una norma anacrónica para sacar tajada. El caso del legado intestado de los hermanos Anlló de Sant Feliu de Guíxols (Baix EmpordÍ ), valorado en más de 12 millones, ha suscitado el interés de todos ellos.
Empecemos por los que se dedican a tiempo completo. Es el caso del bufete PF & Asociados, radicado en Madrid, que trabaja en toda España y en el extranjero. Su socio fundador, Pedro Fernández, asegura que es el único despacho del país especializado en la recuperación de herencias y en la localización de herederos: «Hace 12 años que el bufete optó por esta especialidad. Somos expertos en genealogía y hemos llegado a localizar una herencia de 26 millones de euros en Suiza».
Comisión del 25%
Este trabajo, realizado hace cinco años, fue una de sus operaciones estrella y, a juzgar por la comisión que cobran (del 25% al 40%), aquel debió de ser para ellos un año inolvidable. «Nosotros no pedimos provisión de fondos al cliente, sino que después de estudiar el caso, si entramos en él, corremos con todos los gastos y no cobramos un euro hasta que el cliente recibe la herencia», destaca.
El bufete tiene abiertas en la actualidad unas 1.100 herencias intestadas en su base de datos (la mitad de ellas fuera de España y algunas del siglo XIX). Encuentra más trabajos en las comunidades en las que hubo grandes procesos migratorios, como Extremadura, Canarias y Galicia. «Pero en Catalunya también hemos encontrado herencias, la última de ellas consta de un bloque de pisos en Barcelona y una casa en Lleida», explica el abogado.
El gestor Rolando Herreros y su hijo son unos cazadores de herencias de Tenerife (Canarias). En su despacho (Herencias y Patrimonios) se dedican a buscar bienes intestados de familias de emigrantes a Latinooamérica. «Hace siete años que nos dedicamos y mi padre está siempre viajando. Somos de origen cubano, pero tenemos la nacionalidad española. Parte del secreto de este trabajo está en la amplia red de contactos que tenemos en otros países», comenta Herreros.
Ellos tampoco cobran por adelantado y su comisión es más modesta: entre el 10% y el 20%. «Ahora estamos intentando vender una isla de la República Dominicana procedente de una herencia y que está valorada en 1.800 millones de dólares», comenta con toda naturalidad.
Cifras más modestas cobran los cazaherencias aficionados. Uno de ellos es Ignasi, vecino de Castelldefels, que en las horas libres que le deja su negocio se dedica a desentrañar alguno de estos laberintos genealógicos. «Yo me aficioné a esto en el 2006. Vi que un diario publicó un artículo en el que se buscaba al propietario de un terreno en Barcelona que había sido expropiado por el ayuntamiento y me lancé a buscar», recuerda. Ignasi tardó unas semanas en localizar al propietario (que había fallecido y cuyo nombre en el registro y en el catastro no coincidían) y al cabo de un mes encontró a los herederos.
«Ellos no sabían nada y aunque pactamos un porcentaje, al final me dieron poco más que una propina, y eso que cobraron unos 800.000 euros», lamenta. Y es que el problema de los aficionados es doble: si explican más datos de la cuenta a los beneficiarios, estos prescinden de sus servicios, pero si les cuentan demasiado poco, «acaban desconfiando y no se lo creen».
Denunciantes particulares
El último escalón en la pirámide de los cazadores de herencias lo ocupan los denunciantes. Una figura prevista por la ley que permite a los particulares, sin vínculos con los finados, comunicar a la Administración cualquier bien de una persona que haya fallecido sin herederos y sin dejar testamento. La ley les concede un premio equivalente al 10% del valor denunciado. Para realizar esta gestión es necesario entregar el certificado de defunción y los documentos del registro de la propiedad en los que se detalla el patrimonio del muerto.
Eso es lo que hicieron un grupo de amigos en Sant Feliu de Guíxols tras el fallecimiento de los hermanos Anlló que murieron sin dejar testamento ni herederos legales. «De repente a uno se le ocurrió la idea: ‘Y si hiciéramos”¦.’», recuerdan. Dicho y hecho. Localizaron las propiedades y entregaron la documentación en la Direcció General de Patrimoni de la Generalitat, beneficiaria del legado. Ahora esperan que se subasten los bienes y que luego se constate que ellos fueron ellos los primeros en denunciar para poder llevarse su comisión.


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