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El Instituto de Estudios Económicos cumple 39 años

El Instituto de Estudios Económicos cumple 39 años
La vigencia de un ideario
José Luis Feito Higueruela
Presidente del Instituto de Estudios Económicos
Para cualquier institución cumplir treinta nueve años de vida en los tiempos modernos es una hazaña nada desdeñable. Lo es más aún si tenemos en cuenta que en esos tiempos nuestro país ha vivido grandes transformaciones políticas y económicas, grandes auges y no menos grandes recesiones económicas. Ciertamente han sido tiempos tumultuosos, tiempos de vivir peligrosamente en lo político y en lo económico. Por eso, estoy seguro de que este cumpleaños es motivo de satisfacción para todos los que, de una manera u otra, han estado vinculados al Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Son muchas las personas e instituciones responsables de que el IEE haya alcanzado tan larga y digna vida. La lista de personas sería inacabable. Por ceñirnos a quienes han trabajado en el IEE, se ha de mencionar desde su legendario primer Director General, Víctor Mendoza, hasta todos los que, en una u otra capacidad, le acompañaron y le siguieron: Eugenio Domingo Solans, Cristóbal Montoro, Paco Utrera, Fernando Becker, Gonzalo Solana, Elena Pisonero, Juan E. Iranzo, Gregorio Izquierdo, Joaquín Trigo y todos sus colaboradores. De entre todas las personas que han trabajado en el IEE, permítanme mencionar, de una manera especialmente cálida, a Arturo Gil, que fue Presidente del IEE durante 25 años, y a José M.ª Goizueta, que sirvió al IEE desde su fundación en 1979 hasta su reciente jubilación y sobre el que luego diré unas breves palabras.
Todos ellos, y sus equipos y sus sucesores, son los artífices del prestigio del IEE y son corresponsables de que haya alcanzado una edad tan venerable gozando de buena salud. Corresponsables y no únicos responsables porque el IEE no existiría ni habría llegado hasta aquí sin la visión de los empresarios que lo concibieron y que a través de sus empresas lo han ayudado y sostenido durante todos estos años, empresas que se cuentan entre las que más éxito han tenido en la historia de nuestro país. Es obligado al respecto destacar el papel especial de la CEOE, otra historia de éxito empresarial, que bajo el mandato de Carlos Ferrer Salat, como Presidente, y José María Cuevas, como Secretario General, puso en marcha el proyecto y que, por unas vías u otras, ha venido ejerciendo las obligaciones tutelares que corresponden a una paternidad (o maternidad) responsable.
En la celebración de su cumpleaños es oportuno recordar dónde reside el valor añadido del IEE para la sociedad española, lo que le diferencia de otras instituciones similares de nuestro país. Las dos características distintivas del IEE son, por una parte, su ideario y, por otra, la forma de aplicarlo a nuestra realidad económica.
Su ideario es bien conocido y ya fue expuesto en las publicaciones conmemorativas de nuestro vigésimo quinto aniversario: la afirmación del Estado de Derecho y de la libertad económica como los principios más potentes para fomentar el bienestar de la sociedad. Esto es, la defensa de la Constitución y de la seguridad jurídica, de un lado, y de otro, la defensa de la propiedad privada, del libre mercado y de la estabilidad macroeconómica frente a sus enemigos, que hoy vuelven a ser tan vocingleros v. g. “que hablan mucho e insustancialmente” como lo fueron ayer, y en lo que concierne a los enemigos del Estado de Derecho, mucho más que ayer. El grado de libertad económica de un país depende, en buena medida, de la extensión de la propiedad privada y del vigor del espíritu de empresa, que, a su vez, depende del espacio que le abran las políticas y regulaciones estatales, así como de la importancia social que se conceda a la función empresarial y al empresario. No hay mercado que valga sin empresas y empresarios. Depende también de la estabilidad macroeconómica. Para conseguirla se han de cumplir dos reglas. Primero, respetar la ineludible necesidad de mantener niveles adecuados de competitividad. Segundo, conciliar niveles impositivos que no coarten el crecimiento económico con el equilibro tendencial de las cuentas públicas.
En el IEE siempre se ha intentado defender y diseminar estos principios y reglas, que son los del liberalismo clásico, una tarea que ha sido especialmente ardua en ciertas coyunturas económicas y políticas. No se debe ocultar que, con frecuencia, estos principios y reglas se han de defender no sólo frente a sus enemigos declarados sino también frente a algunos de sus amigos, lo que hace la labor del IEE aún más emocionante si cabe.
Quizá por su fidelidad a este ideario del liberalismo clásico el IEE ha sido calificado, a veces con tono despectivo, como ideológico. Como recordaréis, Keynes, en una de sus aseveraciones más certeras, dijo que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que la gente común cree. De hecho, el mundo está regido por poco más”.
En este sentido, el IEE es ciertamente ideológico, como lo son también las instituciones desde las que se pueda criticar su labor. Todas las ideologías, todos los constructos ideológicos para ser más precisos, se construyen moldeando la arcilla de unas ideas u otras. Pero no todas las ideologías son igualmente valiosas. La aplicación de unas mejora el bienestar de la sociedad y la aplicación de otras lo empeora. Unas resisten el contraste con la realidad y otras se estrellan estrepitosamente contra ella. Unas levantan el vuelo y resisten la gravedad y otras son como las pompas de jabón que Machado gustaba de ver “volar bajo el cielo azul temblar súbitamente y quebrarse”.
En el IEE seguimos aplicando el ideario del Estado de Derecho y de la libertad económica porque estamos firmemente convencidos de su contribución fundamental al avance del nivel de vida de nuestra sociedad. No porque tengamos la fe del carbonero en esta ideología sino porque, a la manera de Santo Tomás, “hemos visto y hemos creído”, nos hemos convencido de que fomenta el progreso, el gran enemigo de las ideologías “progresistas” que siempre nos tendrán enfrente.
La segunda característica distintiva del IEE es su manera de aplicar o defender su ideario. Esta operativa se deriva de su ubicación en la cadena de producción intelectual en economía que va desde la originación y el contraste de ideas seminales propias del ámbito académico, el ámbito responsable de avanzar la frontera del conocimiento, hasta los estadios en que el corpus consolidado de conocimientos teóricos y empíricos se aplica al debate de política económica y se divulga a la opinión pública. El IEE, tanto en los trabajos y actividades llevadas a cabo por los economistas del Instituto como en la selección de proyectos encomendados a otros profesionales, se ha especializado en los estadios finales de la cadena de producción intelectual. Por decirlo en la terminología de la teoría austriaca del ciclo económico, está especializado en The late stages of production, los encargados de la producción de bienes de consumo. Esta especialización exige estar atento al momento político y económico del país, extraer y pulir las ideas y estudios económicos más útiles para los debates de política económica relevantes e insertar en la opinión pública hechos y relaciones económicas especialmente ilustrativas para comprender la situación y tendencias de nuestra economía. Exige, sobre todo, presentar los trabajos de manera atractiva e inteligible para los políticos, los empresarios, los medios de comunicación y el público interesado en general. Por eso, en el estadio de producción intelectual en que se sitúa una institución como el IEE, la dimensión retórica, la capacidad divulgativa, es tan importante como el rigor teórico. Este es el ideario y la mecánica operativa del IEE que con mayor o menor fortuna venimos aplicando desde su fundación.
Un aniversario no debe ser únicamente una oportunidad para observar con complacencia el pasado sino también para ser exigentes con nuestro futuro. Los que trabajamos hoy en el IEE y los grupos empresariales que hoy lo apoyan tenemos el reto de adaptarlo a las nuevas tecnologías y de seguir luchando para defender sus principios y acrecentar su legado en unos tiempos si no más tampoco mucho menos difíciles, en lo político y en lo ideológico, de los que nos vieron nacer. Que así sea.


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