La PAH denuncia que los bancos pueden quedarse con el piso al precio simbólico de un euro
Las subastas extrajudiciales están en auge, mientras las hipotecas son cada vez más caras
Consumo bancario: ejecuciones hipotecarias sin jueces
José Sánchez Mendoza. La noticia en CapitalMadrid.com – En los últimos tiempos los tribunales están infligiendo algunos reveses al establishment bancario y sus abusos en las hipotecas, por lo que las entidades se afanan en compensar esta pérdida de poder en el plano extrajudicial. Y con gran eficacia: en los últimos dos años se ha quintuplicado el número de ejecuciones extrajudiciales, que los bancos utilizan para recuperar pisos de familias que no pueden pagarlos. En estos procedimientos, presididos por notarios, los entes financieros suelen llevarse la parte del león, aprovechando las lagunas en la legislación. Con las hipotecas encareciéndose cada vez más, es difícil saber hasta dónde puede llegar este fenómeno si no se le pone coto.
Las subastas extrajudiciales son procesos contemplados por nuestra vetusta y parcheada normativa sobre hipotecas. El artículo 129 de la Ley Hipotecaria dispone que en la escritura de constitución de la hipoteca podrá válidamente pactarse un procedimiento ejecutivo extrajudicial para hacer efectiva la acción hipotecaria. Prevé tres subastas: por el 100% del valor de tasación la primera, por el 75% la segunda y “sin sujeción a tipo” la tercera. Es decir, que cualquier postor puede adjudicarse el piso a partir de cero euros.
En un comunicado, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha denunciado que esto, en la práctica, significa que entidad se puede adjudicar la vivienda por un euro, “quedando la persona o familia afectada con la totalidad de la deuda de por vida”. La PAH ha denunciado que han empezado a llegar a su plataforma casos de subastas extrajudiciales, los cuales ha tildado de “un procedimiento aún más perverso, si cabe, que el de la ejecución judicial” porque se puede resolver más rápido, en sólo tres meses, y sin derecho a la justicia gratuita, dado su carácter extrajudicial.
Los notarios no opinan igual. José Ignacio González, notario y coordinador de las jornadas sobre las subastas extrajudiciales celebradas el 9 y 10 de mayo del año pasado en Canarias, afirmó en unas declaraciones recogidas en la página web del Consejo General del Notariado que este sistema posee ventajas satisfactorias tanto para el acreedor como para el deudor, además de incidir en la descongestión de los tribunales.
Para el experto, una de las ventajas de la citada fórmula extrajudicial es el tiempo que las partes implicadas ganan en este procedimiento, cuyos trámites suelen llevarse a cabo en una media de entre quince días y dos meses, con un máximo de cuatro meses. Sin embargo, un proceso abierto por vía judicial es más costoso y puede durar entre ocho y quince meses dependiendo del juzgado y del procedimiento. En este último supuesto y durante ese periodo los préstamos “están sujetos a unos intereses de demora que puede representar, según las entidades un 28 por ciento, que en una hipoteca de 120.000 euros pueden suponer hasta 40.000 euros de intereses”, apuntó.
Sea como fuere, ni éste ni ninguno de los expertos cuyas declaraciones se recogen en la reseña del Consejo General del Notariado explican cómo atajar la injusticia cuando se llega a la tercera subasta y la entidad se adjudica el inmueble por el precio simbólico de un euro, como denuncia la PAH.
Cada vez más caras
Las subastas extrajudiciales suponen una ratonera más para el consumidor, que tiene que ver cómo los préstamos se convierten poco a poco en un producto de lujo. El índice de referencia euribor cae y los bancos disponen de liquidez gracias al regalo navideño del Banco Central Europeo (BCE) pero ni por esas se detiene la escalada de precios hipotecarios.
Durante los últimos meses, las entidades han inflado los intereses, en algunos casos cerca de un 150%. Los diferenciales que añaden al euribor han pasado del 0,25% a comienzos de 2011 al 1% en la segunda mitad del año y hasta más del 3% en el arranque de 2012.
La desconfianza y la escasa solvencia de la ciudadanía tiene mucho que ver en este aumento, aunque no tanto como las exigencias de solvencia que vienen de Bruselas, que obligan a los bancos a sanear sus balances. Lo consiguen prestando menos, entre otras cosas. El resultado es el de siempre: los usuarios pagando los platos rotos.
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