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Resistencia pírrica

La Vanguardia – Reggio,s -Tribuna
En varios países de la Unión Europea el fin del crecimiento impulsado por el dinero fácil y barato facilitó el incurrir en una deuda abultada, mientras los ingresos, fiscales y otros, se reducían drásticamente. La UE se ha visto obligada a saltarse el principio (no bail out) por el que cada país respondía de sus obligaciones para ayudar a algunos países incapaces de pagar sus deudas. Esa ayuda tiene un componente solidario pero, también, trata de recuperar lo posible de los créditos otorgados, sanear esos países y recuperar sus mercados. Ese triple interés exige que los beneficiarios se ayuden a sí mismos evitando malas prácticas, corrigiendo errores y volviendo a una sobriedad que nunca debieron abandonar.
Los gobiernos beneficiarios de la nueva ayuda, obviamente, la agradecen, pero, al tiempo, tienen incentivos para ocultar una parte del problema porque reduce su responsabilidad y les permite rebajar la prima de riesgo. Eso es posible porque las cifras reales y completas se desconocen en el extranjero y algunos creen, erróneamente, que esa ocultación puede mantenerse durante mucho tiempo. Por su parte, los acreedores tratan de que el nuevo crédito se utilice mejor que el anterior y contribuya a superar las dificultades en presencia.
Así, la lógica del rescate busca eliminar duplicidades, evitar derroche y nepotismo, frenar las rutinas que incrementan el gasto, verificar si las subvenciones son adecuadas, si las entidades públicas y parapúblicas son útiles etcétera, así como simplificar las exigencias y costes que comporta el cumplimiento de las normas”¦ con el fin de incentivar la actividad productiva y el empleo y evitar que las administraciones públicas arrastren a sus proveedores y agobien a los contribuyentes.
Cuando alguien ha gestionado mal y está siendo observado con microscopio lo mejor que se puede hacer es optar por la transparencia, reconocer los errores y comprometerse a una actuación coherente y profunda con explicaciones claras. Escudarse en la mala suerte, echar la culpa a los rivales o a los acreedores es una salida tan mala como no explicar nada o hablar de otras cosas.
Es una paradoja que haya administraciones públicas que exijan transparencia y adveración externa de las cuentas de las empresas privadas mientras las suyas se emiten con demoras y son supervisadas por políticos de su mismo partido. La exigencia ha de ser igual para todos y la evidencia debe presentarse en el mismo registro en que se depositan las privadas. Así cualquier contratista o proveedor podría saber de antemano a qué se expone, especialmente frente a quien no cumpla o lo haga mal.
Gracias al rescate, las autoridades pueden tomar decisiones apelando a la presión o la conveniencia común, al mejor conocimiento externo y al recordatorio de que cualquier otra opción sería peor, desechada por los expertos y no podría contar con ayudas financieras. Por otra parte es la evidencia de una gestión subóptima que pocos políticos consiguen convertir en lo contrario, entre otras cosas porque elimina los privilegios de quienes disfrutan de canonjías obtenidas por la proximidad al poder y no por méritos o conocimientos propios.
Lo importante es acabar con las malas prácticas, reducir la financiación a lo necesario, facilitar la actividad económica y la creación de empleo. Frente a esto sobran los efectos escaparate, las normas apresuradas y las demoras que sólo sirven para retardar la recuperación.
Joaquín Trigo Portela. Economista. Fomento del Trabajo Nacional.


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