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Cinco gráficos sobre la recuperación y el crecimiento de la zona del euro después de la pandemia de COVID-19

Cinco gráficos sobre la recuperación y el crecimiento de la zona del euro después de la pandemia de COVID-19

Por Nathaniel Arnold y Vina Nguyen

FMI, Departamento de Europa

22 de diciembre de 2020

La pandemia de COVID-19 está provocando grandes penurias socioeconómicas en Europa. Aunque las extraordinarias medidas de política y confinamientos suavizaron el impacto de la primera embestida, la poderosa segunda ola y los nuevos confinamientos hacen peligrar la recuperación.

Según las últimas evaluaciones económicas de la zona del euro realizadas por el FMI, el principal reto para las políticas consiste en contrarrestar la pandemia a la vez que se facilita una recuperación sólida e incluyente.

Los cinco gráficos siguientes ilustran el impacto de la COVID-19 en la zona del euro y las políticas necesarias para lograr una recuperación más duradera.
1 Se prevé que la actividad económica de la zona del euro disminuya drásticamente en 2020, para comenzar a repuntar en 2021. Pese a la recuperación proyectada, se prevé que la zona del euro sufra pérdidas del producto permanentes a raíz de la crisis, con una producción muy por debajo de la trayectoria previa a la crisis en 2025. Los sectores que requieren contactos intensivos (por ejemplo, turismo y transporte) y los que se ven obligados a cerrar durante los confinamientos, como las tiendas y los restaurantes, son los que más sufrirán a corto plazo. Los jóvenes, los pobres y las mujeres se han visto desproporcionadamente afectados.

2 Las políticas de respuesta sin precedentes en todos los ámbitos han amortiguado el impacto de la pandemia. Las contundentes medidas de política del Banco Central Europeo (como programas de compra de activos nuevos y ampliados) han calmado a los mercados y distendido las condiciones de financiamiento, contribuyendo a respaldar el crédito a los hogares y las empresas. Muchos países también han ampliado los programas de jornadas de trabajo reducidas o lanzado otros nuevos, y han evitado una escalada inmediata del desempleo al ayudar a las empresas a recortar horas de trabajo, y no puestos. Otras iniciativas —como los subsidios salariales, las suspensiones de pagos de deudas o la tributación diferida— han reducido los costos para las empresas y han proporcionado liquidez a través de donaciones o inyecciones de capital, o sustentado el crédito bancario con garantías de préstamo.

3 A medida que la zona del euro emprende la larga senda hacia la recuperación, las políticas deberían reorientarse de un respaldo amplio hacia medidas más focalizadas. A medida que la recuperación se afianza y se levantan las restricciones a la actividad, las políticas deberían respaldar la transición al nuevo mundo pospandémico. Las empresas cuyas operaciones se han visto trastocadas por la pandemia quizá necesiten solvencia de respaldo para poder atravesar la crisis. A medida que se vayan levantando las medidas de contención, correspondería eliminar poco a poco los programas de jornadas de trabajo reducidas y dedicar más recursos para ayudar a los trabajadores a pasar a empresas y sectores en expansión. También es necesario apuntalar la demanda agregada, sobre todo incrementando la inversión pública productiva, que reducirá los efectos negativos a largo plazo de la crisis.

4 Las políticas deben abordar con urgencia las desigualdades que la pandemia ha ahondado. Se necesitarán políticas centradas en ámbitos específicos e inversión en infraestructura y conectividad para brindar respaldo a las regiones más pobres, muchas de las cuales tienden a depender de sectores con un contacto intensivo y que tienen más probabilidades de padecer los efectos de la crisis. Para evitar que la desigualdad aumente, también hay que prestar especial atención a los jóvenes y a los grupos marginados, que tienen más probabilidades de trabajar en sectores muy afectados. Eso requiere reforzar las redes de protección social y crear programas de capacitación laboral eficaces.

5 Los fondos de recuperación de la UE podrían desempeñar un papel crítico en la aceleración de las transiciones verde y digital y en el estímulo del crecimiento potencial. Los €750.000 millones del Fondo de Recuperación de la UE de Próxima Generación —€390.000 millones de los cuales son en forma de donaciones— deberían servir para catalizar la inversión en la reducción de emisiones de carbono y mejorar la productividad a través de la digitalización. Se prevé ya que las donaciones incrementarán el nivel del PIB real de los países de la UE en ¾% para 2023; si se les da un uso eficaz, su impacto podría duplicarse. El programa podría tener un impacto aún más fuerte si los países implementaran ambiciosas reformas estructurales críticas en sus planes de recuperación.


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