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El 7° de Caballería saquea a los contribuyentes

El Gobierno norteamericano y la Reserva Federal han hecho una tan decidida como arriesgada apuesta por el intervencionismo, que representa un cambio de modelo. No es que Estados Unidos se haya acostado liberal y se haya despertado intervencionista, porque el sistema financiero no es un sector desregulado.

Por Enrique de Diego. Diario de América. 24/9/2008

Los datos son bien conocidos: entidades financieras norteamericanas se hacían con activos de riesgo como las hipotecas subprime -concedidas a gentes con pocos recursos y escasa solvencia-, las convertían en bonos y las vendían a ahorradores sobre la base de valoraciones exageradas, con lo que aumentaban artificialmente su liquidez y multiplicaban los beneficios, pero también los riesgos. Esaas prácticas agresivas, aventureras y, en sí, irresponsables, se han cobrado piezas importantes del mercado financiero y asegurador: AIG, Merrill Linch, Freddie Mac, Fannie Mae, Lehman Brothers, Bear Stearns, Indymac, Northern Rock, HBOS y han dejado en situación de debilidad a Morgan Stanley y Washington Mutual, entre otros. El mercado interbancario se había ido paralizando debido a la falta de transparencia y a la desconfianza mutua de los bancos.

El Gobierno norteamericano y la Reserva Federal han decidido intervenir, mediante la creación de una Agencia estatal y la dedicación de elevadas sumas de dinero de los contribuyentes, para adquirir los activos podridos de los bancos. La justificación de tales medidas se establece en la existencia de una situación extraordinaria que exige medidas extraordinarias, una especie de estado de excepción económico. Se pretende devolver la confianza a los mercados y sostener al sistema financiero.

El Gobierno norteamericano y la Reserva Federal han hecho una tan decidida como arriesgada apuesta por el intervencionismo, que representa un cambio de modelo. No es que Estados Unidos se haya acostado liberal y se haya despertado intervencionista, porque el sistema financiero no es un sector desregulado. Los bancos norteamericanos tienen normas oficiales de comportamiento, conocidas como Basilea 2, existe una Comisión de Valores, encargada de las inspecciones, y la Reserva Federal es una institución intervencionista. De hecho, ha venido inyectando liquidez con frecuencia desde hace más de un año. En esa estrategia, ha sido acompañada por el Banco Central Europeo, y los bancos de Inglaterra, Canadá, Suiza y Japón. Las más importantes inyecciones de liquidez se produjeron el 9 de agosto de 2007, el 12 de diciembre de 2007, el 18 de diciembre de 2007, el 11 de marzo de 1008 y las recientes de los días 15, 16 y 17 de septiembre. En buena medida, lo que se ha producido es un incremento paulatino de la intervención, hasta el salto del pasado viernes, 19 de septiembre, una fecha histórica. Estamos ante una huida hacia delante intervencionista, que puede haber pasado los límites del no retorno, adoptada por quienes precisamente han fallado en sus funciones de control.

Conscientes de la importancia, cuando no de la gravedad de la senda tomada, sus responsables se han apresurado a indicar que se trata de medidas temporales y han aducido el principio de mal menor: sería peor no hacer nada. Lo de la temporalidad es un juicio de intenciones; cada una de las inyecciones de liquidez han sido aducidas como temporales. Ante el pánico de la pasada semana, ha habido pocas críticas y fisuras en las primeras reacciones a la intervención, apoyada por el exbastión del libre mercado Wall Street Journal y por el más complaciente hacia el intervencionismo, The Economist.

Resulta difícil de justiticar la caída de Lehman Borthers, para de inmediato intervenir todo el sector bancario. El dinero de los contribuyentes que se destinará al salvamento de las instituciones financieras elevará la deuda pública norteamericana por encima del 10% y tendrá que ser sufragada por los contribuyentes con previsibles incrementos de la presión fiscal. Se trata de una estricta socialización de las pérdidas. Ciudadanos, empresas y bancos responsables deberán pagar las conductas incorrectas de otros. Esto contradice la justicia y, en el futuro, tales intervenciones deberían estar prohibidas penalmente.

Si en términos de justicia parece difícil de justificar la intervención, se ha acudido al criterio de eficacia. Se trataría de evitar una reedición de la gran depresión. Pero las buenas intenciones de los gobernantes pocas veces producen los efectos deseados y el intervencionismo es el experimento más fallido de la historia de la Humanidad. Por de pronto, se incrementa exponencialmente el llamado riesgo moral, de modo que las conductas avariciosas son incentivadas de cara al futuro por cuanto el Gobierno ha acudido al rescate de quienes las han practicado. Es más que probable que el sistema financiero se estuviera ajustando, precisará una reconversión y la depuración de esas prácticas incorrectas.

Mi opinión es que en vez de evitar una nueva gran depresión, se va a aumentar los efectos devastadores de la crisis planetaria en curso, que lo es precisamente del modelo intervencionista. Por de pronto, Estados Unidos se suma a la expoliación de las clases medias en niveles que pueden ser iguales o superiores a los europeos. Esa futura presión fiscal agravará la crisis en Estados Unidos, al hacer descender el ahorro, el consumo e incrementar el paro. Eso perjudicará a su vez, al sistema financiero artificialmente protegido. El empeoramiento de la economía norteamericana afectará a las de todo el planeta.

El 7° de Caballería ha llegado y ha saqueado a los contribuyentes.


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