AIRE

Asociación Independiente de Registradores
                                 


Ultimas entradas




Archivos



El expolio del paralítico José Manuel

El expolio del paralítico José Manuel
Seis años de cárcel para tres estafadores que le arrebataron el piso
El notario que le hizo firmar los papeles, inhabilitado por ocho meses
Pedro Simón | Madrid. El Mundo 22/02/2009
Tres tiburones y una inmobiliaria pescan a un paralítico cerebral en la calle. El hombre acaba de perder a su madre y es el único heredero de la casa familiar. Así que los desaprensivos ven yugular, enseñan los dientes y no dejan ni las raspas.
Se hacen cargo de él, le malcuidan, contactan con un notario de aliento podrido y el paralítico cerebral -con nula capacidad de entendimiento- va firmando todo lo que le ponen delante. «José Manuel expone«, «José Manuel otorga», «José Manuel acepta», «José Manuel manifiesta», «José Manuel ratifica en su contenido»… Y le regala la vivienda a los buitres de corbata de seda.
La ópera bufa cierra el telón con una escena de cine del tardofranquismo: el paralítico cerebral rumbo a Torrevieja «con una señorita» pagada por todos, para ocupar así la casa en su ausencia y adecentarla para su venta.
La historia tiene trazas de esperpento, apesta a putrefacción ética y es paradigma de un canibalismo social donde los más listos se nos zampan al resto. Pasó en Madrid, fue tan fácil como quitarle el caramelo a un niño y ha terminado con condenas de seis años y un día de prisión para los tres encausados que montaron la estafa y una mera inhabilitación de ocho meses para el notario que la parió.
‘Me han quitado la casa’
A José Manuel lo localizaron en la calle. El sesentón astroso deambulaba por las aceras de Móstoles aturdido, como jugando a la gallinita ciega. Una mujer que conocía a la familia le abordó y se interesó por aquel ángel desplumado que vagaba roto. Se sentaron. A su manera, el hombre farfullaba una y otra vez una frase: «Me han quitado la casa». Ambos le dieron al ‘play’ de esta historia.
De aquella familia en cenizas sólo quedaba vivo José Manuel. Su padre y su hermano, que también eran paralíticos cerebrales, fallecieron en 1991. Madre acababa de morir en abril de 1997. Con lo que el hombre aquel era el único y legítimo heredero de la casa que ya ni habitaba.
La mujer que le socorrió en la calle se puso en contacto con los servicios sociales de la Comunidad de Madrid. La Fundación Tutelar de Madrid (Futumad), que se encarga de la tutela de personas con retraso mental, se ocupó de José Manuel y comenzó a deshacer el ovillo en que andaba enmadejada la víctima.
José Manuel estaba alojado en una habitación infame en la que le habían metido sus timadores. El expolio del único bien del incapacitado tuvo lugar en la primera mitad de 1998. La sentencia del juzgado de instrucción número 9 de Móstoles, de hace algunas semanas, detalla una estafa en la que unos pit bull se comen a un cachorro ciego.
Fue así de sencillo. María Isabel de la Cruz López acordó con Miguel ́ngel Rodríguez Villar «proceder a la venta del inmueble del discapacitado para apropiarse conjuntamente del precio a obtener sin entregar cantidad alguna al propietario». Para ello, se hicieron inicialmente cargo del enfermo. Contactaron luego con Oscar Sánchez Sánchez, administrador de la inmobiliaria Novogar. Y, dado que había que amañar la titularidad registral de la casa, acudieron todos al notario Carlos Vázquez Balbontín. Abracadabras de la notaría, José Manuel se volvió sano y cuerdo a puerta cerrada.
«El notario, sin haber adoptado la diligencia más elemental para cerciorarse sobre la capacidad de José Manuel para intervenir en cualquier operación jurídica, emitió documentos en los que se refiere a la intervención que José Manuel tuvo en los mismos: interviene… expone… otorga… acepta… manifiesta… ratifica en su contenido».
Resultado de aquella encerrona, Novogar salió como apoderada del indefenso; el buen hombre le vendía su vivienda a la inmobiliaria por 10.200.000 pesetas; De la Cruz López y Rodríguez Villar se repartían el botín a medias; y la empresa, a su vez, le colocaba la propiedad por un precio mayor a unos terceros que la adquirieron de buena fe.
El juicio
El juicio fue una partida de póker con tahúres y burdas cartas marcadas. Valga un as: María Isabel de la Cruz López alegó que José Manuel «deseaba un piso más pequeño». En fin.
El acusado de la inmobiliaria se defendió y apuntó que José Manuel contó el dinero «a su entera satisfacción». Así que el abogado del paralítico cerebral le dio media docena de billetes de cinco y diez euros y le dijo que contara allí delante de su señoría. José Manuel pasaba los billetes mojando el dedo en la lengua.
-Uno, dos, tres…
-¿Cuánto suma todo, José Manuel?
-¡Diez millones de pesetas!
El notario se defendió y objetó que al sesentón le dieron a leer las escrituras y que lo entendió todo. Así que el abogado del paralítico cerebral le puso un texto delante y le dijo que leyera. José Manuel puso el índice sobre el escrito. Arrastró un monosílabo ininteligible.
A los tres tiburones con dientes de cepo les han caído seis años y un día de prisión por un delito continuado de falsedad en documento público y otro de estafa. Un cuarto fue absuelto. El notario, por falsedad imprudente, ha sido condenado a ocho meses de inhabilitación. Porque se entiende que no actuó de mala fe…
José Manuel vive bajo la tutela de la Comunidad de Madrid, que le administra la indemnización recibida de 61.000 euros. Por las tardes da un paseíto y hace flores de papel.
No hay gusanos en el parterre, José Manuel. Hogar, dulce hogar.


  Imprimir Imprimir

Deje un comentario

Debe identificarse para enviar un comentario.