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Errores y responsabilidades

     Veamos: El juez pide a la AEAT un informe relativo a la Infanta Doña Cristina, y recibe uno según el cual vendió 13 propiedades, entre 2005 y 2006. Se desmiente por la Casa Real y se arma el lío.

     Entonces la AEAT echa la culpa a notarios y registradores. Una vez que estos certifican que no es así, hablamos de error.

     Entonces, ¿qué ha pasado?. Voy a aventurar varias hipótesis a partir de explicar como se nutre la AEAT de estos datos. En primer lugar, los datos (transmitente,adquirente y otros) los recibe el Catastro, proporcionados por notarios, registradores, C.C.A.A. y público en general. Notarios y    registradores remiten mensualmente – siempre bajo intervención y comprobación humana – en soporte informático, archivos  que contienen los datos que exige la legislación, datos que se vuelcan en los ordenadores de Catastro. Con todos los datos, periódicamente Catastro suministra información a los Ayuntamientos, actualizando titularidades. Este procedimiento evita que la gestión la tenga que hacer el particular.

     Tenemos, por tanto, varios traslados en soporte informático encriptado al Catastro, que tiene que volcarlos en sus ordenadores, de donde nuevamente, cuando proceda, se volcarán a los ordenadores de la AEAT. Una primera hipótesis es el error en el volcado, esto es que los ordenadores de Hacienda hayan procesado mal los datos y que hayan sustituido el NIF original por el 14Z. Hipótesis inicialmente difícil de creer pero no desdeñable, pues en todo volcado hay un pequeño porcentaje de errores.

     Otra hipótesis tiene que ver con la introducción del NIF del transmitente. En muchas ocasiones no se contaba con tal NIF y se sustituía por 0000, con la anuencia de Catastro. Que luego al saltar el error en los ordenadores de Hacienda se le diera, por el funcionario responsable, un número aleatoriamente, es algo perfectamente posible  y es más fácil teclear 14 que 12345678. No es hasta hace unos años, probablemente después de 2006, cuando Hacienda tiene más rigor en la admisión de datos.

    Hay una tercera hipótesis, para mí la más fiable, que engloba las dos anteriores: Si no consta el NIF del transmitente el sistema informático de Hacienda asigna un número de referencia y automáticamente el programa de la AEAT vuelca ese número, lo sitúa en el campo del NIF y le aplica la letra correspondiente. De forma que si el número de referencia es el 14, se convertirá en NIF 14Z. Se pide un informe tecleando un NIF, nadie comprueba nada: et voilá!

     Con todo, lo grave no es que ese dato erróneo estuviera ahí, pues ya se iría depurando. Seguros podemos estar de que los respectivos Ayuntamientos no han reclamado el impuesto de plusvalía a Doña Cristina, pues verificado el error lo corrigió el funcionario municipal.

     Lo que sí es muy grave es que en una causa penal se expidan informes de manera automática y, a lo que se ve, sin ningún tipo de comprobación ni intervención humana. Y cuando se les pilla con el carrito del helado van y echan la culpa a terceros.

     No puede admitirse que se generen sospechas contra cualquier ciudadano en virtud de informes automatizados y sin comprobar. Convirtiendo la presunción de inocencia en presunción de culpabilidad. Urge cambiar ese proceder de la Administración.

     Los registradores sabemos muy bien que, si nos equivocamos, respondemos. Y no firmamos en barbecho, no certificamos sin comprobar. Aplíquese la exigencia de responsabilidades a quien aparece como firmante del informe y a quienes han diseñado y mantienen un sistema que habilita al ordenador central de la AEAT a convertirnos, sin más y a partir de procedimientos informáticos ajenos a la intervención humana, en presuntos culpables.

     Fallo informático o error humano, se verá. Sí diré que es normal tener que expedir notas simples o certificaciones en los registros a solicitud de quienes tienen que demostrarle a Hacienda que no son dueños de tal o cual finca. A lo que se ve, hay abusos del sistema que permanecen hasta que afectan a algún miembro de la muy reducida élite social o política. Y llega el momento de corregirlos. Como ahora.
     Francisco Javier Gómez Jené
     Registrador de la Propiedad


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