AIRE

Asociación Independiente de Registradores
                                 


Ultimas entradas




Archivos



No hay dinero

Luis Caramés. Economista.25 de septiembre de 2008 Xornal.com

Alguien muy cínico dijo que una regla fundamental del banquero es no prestar nunca dinero a quien lo necesita. Pues mira por donde, ahora, por mucho que se llamen a la puerta unos a otros, cada cual guarda lo suyo y no se fía ni de su sombra. La ingeniería financiera, de la que todos creíamos que ellos sabían mucho, vamos, lo conocían todo, les hizo un roto de cuidado. Y el regulador americano en las quimbambas. Llegamos, pues, a una crisis sistémica increíble, originada en la más que deficiente supervisión de las hipotecas de riesgo.

Precisamente por esa contingencia, es decir, por la amenaza de una sequía crediticia absoluta inducida por la falta de liquidez, los bancos centrales se han puesto manos a la obra. ¿Quién podía pensar que los sumos sacerdotes de la confianza en el sistema capitalista – gestores bancarios a diversos niveles- estaban “a por uvas”? Pero lo extraordinario ha sido contemplar como el señor Bush no tuvo empacho en proponer el “gran rescate”, ideologías aparte. Como ha dicho Paul Krugman, seguramente esa acción desesperada era inevitable, mas tal salvamento de accionistas y del mercado, librando a la industria financiera de los efectos de su propia avaricia, costará cantidades ingentes de dinero. Efectivamente, el ciudadano siente enojo cuando ve hasta donde ha llevado ese afán de riqueza descontrolado, pero quiebras encadenadas acabarían por provocar un enorme daño, por más que sería la medicina que el mercado suministraría – merecidamente- a semejantes irresponsables.

Estas son las tremendas paradojas del capitalismo. Stiglitz lo ha descrito de forma magistral: “Los financieros han inventado productos que no gestionaban el riesgo, sino que lo producían”. Sin embargo, la presencia del Estado evita curas de caballo, aceite de ricino y agua de Carabaña, purgas, en fin, propias del ciclo económico, pero que en este caso son fuera de lo común, requiriendo la intervención pública, salvadora del desastre que algunos aguardan, esperanzados, como manifestación inequívoca de la victoria en la lucha final.

Pero los gobiernos actuales, convertidos transitoriamente a la socialdemocracia, tienen las llaves de los grilletes que Marx quería liberar para que los expropiadores fuesen expropiados. El otro día decía un político que lo que nos está pasando es una fatalidad. No es verdad, lo dijo Dumas, el destino desgraciado viene a ser el paraguas de los errores humanos “cuando llega la hora del castigo”.


  Imprimir Imprimir

Deje un comentario

Debe identificarse para enviar un comentario.